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miércoles, 25 de noviembre de 2009




Los grandes placeres se escriben con letras pequeñas, con la edad se aprenden y se valoran las cosas sencillas pero realmente suculentas, ya no se trata de devorar el mundo ni de ser caníbal de nada, se trata de saber encontrar en la sal un perfume y disfrutar íntimamente de esas pequeñas cosas recuperándolas del olvido, o conocer otras nuevas con este mismo sentido..

Un libro, un poema que nunca supiste entender y ahora te hace sentir, una canción o una conversación con un buen amigo, recuperar los sabores que de niño te seducían es algunas veces posible y sencillo.

El que suscribe se compro el domingo en el pueblo que le vio casi nacer, una hogaza de pan y un par de sardinas arengadas, y hoy me he comido una de ellas. Se me lleno la boca de otoño, pude ver como el domingo imaginaba recorriendo Caldas de Malavella con mi hermano Antonio a mi padre envolviendo delicadamente en papel de estraza una sardina arengada, después la ponía en el canto de la puerta junto a la bisagra y la prensaba para que quitarle las escamas, era seguramente otoño como hoy y haría algo de frío, por la Radio Nacional de España sonaba el “ Carrusel Deportivo “ mi madre planchaba, no se que haría mi hermano Antonio lo más probable es que estuviera pescando carpas en el pantano, y yo supongo que estaría jugando con mis soldaditos de plástico, mirando a mis padres de vez en cuando.

Comerse algo así de rico y sencillo creo que forma parte del saber vivir que se va adquiriendo con los años, saber anteponer el sabor al mordisco es cosa de haber vívido.

Saludos amigos.

Sant Pol de Mar, 25 de noviembre de 2009
Esteban Mediterráneo…