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sábado, 29 de mayo de 2010

Denberíamos ser una especie protegida



No se si alguna vez te has sentido agredido y has deseado ser una especie protegida, un ave que anida en las marismas, una trucha arco iris que salta en las montañas, una flor casi extinta a la que se acota en el camino con un cartel que diga respetar las plantas.

Seguramente que sabes que en nuestro afán de reservar la naturaleza ( que me parece fenomenal ) somos tan chauvinistas que nos prohibimos hasta poderla visitar, por prohibir no se puede prohibir ya más.

Si quisieras refrescarte en un río transparente de montaña `posiblemente te pondrían una multa por molestar las truchas, si quisieras beber de uno de los miles de manantiales que brotan de las rocas en los Picos de Europa te morirías de sed, pues en muchísimos de ellos dice que esa agua no esta recomendada para el consumo a falta de certificar su potabilidad por la autoridad competente.

Si tu quisieras leer un libro a la sombra de los árboles del paseo marítimo de Calella, o en muchos parques de otros lugares te encontrarías sorprendido por el rumor que provocan las maquinas barredoras de aire que además de producir un ruido de mil demonios contaminan el aire elevando a nivel de la boca los excrementos liofilizados de los animalitos que cagan y mean por los parques.

Las personas deberíamos estar protegidas contra tales desmanes, antes podías abrir un libro, contemplar a los paseantes, a lo sumo un hombre hacia sonar un rastrillo, ras, ras, eso no molestaba el descanso contemplativo, sin embargo el monstruo que avanza desafiante y colérico es insoportable.

Reivindico el rastrillo y el aire limpio en nuestros parques.

Sant Pol de Mar, 29 de mayo de 2010
Esteban Mediterraneo.