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viernes, 10 de julio de 2009

Va de arqueologia









Cuando paseas por los campos de mi pequeño pueblo si además de mirar aprendes a saber ver. Las cosas que se ocultan superficialmente se manifiestan pues allí están, es como cuando buscas setas hay que saber mirar para verlas.

En esos paseos por los campos o bordeando los acantilados vienen a mi muchas veces imágenes de los que pudo ser esta tierra en tiempos pasados, y me permito fabular sobre sus orígenes y atribuyo a estos parajes de Sant Pol de Mar, historias de griegos y troyanos.

Digo por ejemplo que fue aquí donde Ulises llego con su nave en su largo regreso a Ïtaca donde se perdió en los acantilados de Sant Pol Mar, escuchando la voz sensual de las sirenas que o dejaron prisionero del cíclope Polifemo al que después Ulises dejo herido de muerte cuando después de emborracharlo lo dejo ciego de su único ojo.

Sant Pol de Mar siempre ha sido una tierra abierta al viajero, antes desde su amplia ribera y su puerto resguardado, ahora desde sus mágicas playas donde si pones tu oreja pegadita en la arena llegan a ti además del susurro de las olas cantos de las sirenas y si abres un ojo disimulando estar dormido aun puedes ver en la Calita de las Rosas como los amantes pactan con el buenazo dios del mar Nereo secretos acuerdos ofreciéndole rosas en las olas que los refrescan.

Escribo esas cosas y podrían parecerte cuento o fabulas porque no tengo pruebas que las defiendan, si te digo que fue aquí donde Ulises embriagó a Polifemo puede parecer mentira, pero..mira por donde que ayer encontré las pruebas de esos hechos paseando por el campo encontré el culo de un ánfora y si te fijas aun puede verse después de mas de dos mil años que contuvo vino dentro de ella, vino tinto casi seguro dulce de uva garnacha que tan bien se da en esta tierra.

Fíjate el fragmento del ánfora y veras sin lugar a dudas que es verdad lo que digo y que esto prueba que Ulises navegó y recaló en esta tierra a sus regreso a Ïtaca donde lo esperaba Penélope, esa ánfora fue la que ofreció Ulises llena de vino al gigante que bebió de un sorbo antes de caer redondo dormido en su borrachera, después ya herido ciego la encontró a tientas y maldiciendo su suerte la estrello contra el suelo justo en el lugar donde yo la encontré esta mañana al borde de los acantilados de mi pequeño pueblo Sant Pol de Mar y eso prueba que mi historia no es una fábula sino un hecho demostrado con pruebas.

Feliz día amigos.

Sant Pol de Mar, 10 de julio
de 2009
Esteban Mediterráneo.