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viernes, 31 de julio de 2009



A las siete en punto el sol se levantaba sobre el horizonte justamente en la mitad del camino, el camino del amanecer como yo le llamo, la imagen del amanecer es siempre bella sugiere a cada persona sensaciones amables, recuerdos y añoranzas o simplemente desconcierta haciéndote sentir bien, este comino franqueado por altísimos pinos mediterráneos y el suelo cubierto por la pinaza que con la luz del sol naciente se tiñe casi de rojo, son escasamente cien metros sin embargo la sensación es sutil, parece como si fuera un camino largísimo. Caminas sin apartar la vista del sol naciente y el aroma de los jazmines que llega desde unos setos próximos sumado al frescor de este instante y rompe con todo lo cotidiano y lo habitual y aunque sea un día más lo sientes único entre todos los que has visto.

Llegando al fondo del camino, miras cara a cara a el sol que parece un farolillo japonés de noche de verbena y tus pensamientos te adsorben como si estuvieras inmerso en una oración, allá sobre lomas asoma el sol sobre San Pol de Mar que despierta perezoso en una mañana de verano mientras el viento de Garbi que despertó con el sol mueve las flores de jazmín y trae su aroma envuelto en la fragancia de los pinos entre otros olores que no acierto a distinguir semejantes a un calidoscopio de fragancias desconocidas.

Llegado a este punto después de haber observado el sol naciente, me doy la vuelta y regreso por el mismo camino, el sol bajo ilumina rasante los troncos de los pinos y la hierba ahora seca que nace entre ellos toma el color anaranjado de los rayos del sol, las sombras se alargan infinitas como en esos cuadros que pintaba Dalí en la mancha donde las sombras de patas de Rocinante se alargaban casi indefinidamente, posiblemente Dalí en sus delirios vio a Don quijote cabalgando al amanecer o al atardecer por las tierras de Castilla con el sol rasante y dejo constancia de ese instante.

Sant Pol de Mar, 31 de julio de 2009
Esteban Mediterráneo.