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viernes, 5 de junio de 2009






Pasa casi siempre, parece que caminas por caminar y sin embrago estas buscando algo que al final va a encontrarte a ti. A lo largo de este camino me ha ocurrido finalmente comprendí de repente me alcanzo repentinamente la magia de esta tierra tan singular supe entonces la razón de caminar, hasta hoy era andar por andar, seguir la huella sin comprender dejando llevar por la belleza y por la emoción. como en una tarde que caminaras sin ver las nubes al atardecer aunque estés mirando el cielo. Nada sucede por que sino se camina por caminar aunque hacerlo mirando tierras y gentes como estas sea un placer, finalmente y gracias a tus pasos encuentras o te encuentra la magia del propio camino, cuando vas dejando la sal de tu sudor en el, sucede que en algún momento se manifiestan los espíritus del camino y ya desde ese momento, como te acompaña un perro vagamundo al que acaricias solo una vez, te acompaña la magia en tu corazón. Eso es lo que me sucedió ayer tarde en el Parque Natural de Ponga después de visitar el mítico bosque de Beloño, fue una camina de mas de 20 Km. entre prados suaves y verdes como el cabello de las sirenas, bosques interminables en los cuales viven toda clase de criaturas reales y oníricas, riachuelos multicolores por las flores silvestres que los acompañan, majadas donde pastan las vacas y caballos libres como el viento y siempre esos picos blancos que acarician las nubes. Ya casi al final del camino me detuve mirando el horizonte, un prado verde y en el horizonte todas esas cosas que os he dicho, a través del espino blanco puede ver los Picos de Europa y los valles en una secesión mágica y bella, En ese instante me sentí emocionado sin poder evitarlo se me escapó alguna lagrima, pensé nunca más volverás a ver algo asi de bello, esos prados, esa sucesión de miles de verdes, las paredes blancas de los picos, los silencios y los susurros blancos, no pude evitarlo lloraba como debió llorar el rey de granada al verla por ultima vez. Me di cuenta en ese momento que tras de mi venían todos los espíritus del bosque, me habían perdido el miedo y vi. al llubeiro echándome lluvia el los ojos, el nubeiro soplaba nubes que casi no me dejaban ver nada, el tragu metía la mano en mi pecho y me apretaba el corazón, y lejos entre las peñas mas altas escuche la voz del mítico cuelebre bramar despidiéndose, suerte tuve de no haber visto a una xanina que me regalara un beso. Asturias de mis amores. Desde la Casona de Mestas en el Parque Natural de Ponga , a día 4 de junio de 2009Esteban Mediterráneo