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domingo, 12 de diciembre de 2010

Prometeo


Cada día disfruto más con la lectura de Manuel Vicent, su forma de expresarse roza muchas veces la prosa y desde la valentía el compromiso analiza la actualidad de forma sencilla.

Leyéndolo pienso que las cosas pueden empezar a cambiar cuando millones de jóvenes que ahora se insubordinan contra el orden establecido en manifestaciones antisistema tomen el hilo de la información en la que se refleja la corrupción de todos los poderes fácticos que nos gobiernan y los abusos a los que nos tienen acostumbrados por falta de trasparencia y ocultación de la verdad.

Julian Assange creador de Wikileaks ha destapado los monstruos abriendo el arca de Pandora, nadie rebate sus noticias por inciertas, eso si le acusan de traición o intentan acallar su voz mediante el oscuro oportunismo de su vida privada ( que nada tiene que ver con lo que publica ) a interfiriendo los servidores de redes para mantenernos comiendo en el pesebre como borricos. Internet esta empezando a dar caña, costará separar la verdad de la mentira, pero se contará con medios nuevos para establecer juicios que hasta ahora nos han sido negados.

Cuando esos millones de jóvenes y otros que no lo son tanto dejen de quemar contenedores y agitar en las calles su inconformismo para acudir a las urnas ( no hay otra forma..) tal vez las cosas cambien para el bien de todos.

Os dejo con Manuel Vicent, vale la pena.

Sant Pol de Mar 12 de diciembre de 2010
Esteban Medieterraneo


Prometeo
Por Manuel Vicent
El Pais, edición 12 de diciembre de 2010
Cada día hay más distancia entre los que saben mucho y los que saben poco, entre los que lo pueden todo y los que no pueden nada. Cada día son más los que obedecen ciegamente a unos pocos y es más profundo el vacío entre esos seres innombrables que ostentan el poder sin límite sobre nuestras vidas y la sociedad invertebrada que se mueve abajo como un ganado lanar. No obstante, existen unas reglas precisas para que la gente obedezca sin rebelarse, creyéndose libre. Ante todo hay que tener al público contento y culpabilizado, sin darle tiempo a pensar. En cualquier caso, será necesario agitarlo con un látigo para que baile y se divierta ante una hipotética catástrofe que se avecina. Se le azotará alegremente con espectáculos de masas, con la basura de la televisión, con un sexo imposible al alcance de la mano, con ídolos del deporte, que sobre los vertederos industriales de las ciudades erigirán unos cuerpos desnudos en las vallas publicitarias como productos deseados, pero en medio del sonido que desprende una fiesta semejante se deberá oír una voz potente que anuncie medidas dolorosas, necesarias e inevitables para salir de la crisis sin que se nos permita dejar de bailar. La voz repetirá una y otra vez que todo ha sucedido por nuestra culpa. Queríamos tener dos casas, un coche de gran cilindrada, ir de vacaciones de verano a Cancún o a esquiar a los Alpes, y no cesamos de consumir sin freno, de exigir trabajar menos y cobrar más. Protegidos por el vocabulario críptico de la alta tecnología, por el jeroglífico indescifrable de las leyes religiosas del mercado, el sistema hará que te sientas un menor de edad, ignorante y cómodo en medio de la mediocridad general, te hará correr agónicamente hacia el pesebre repleto de alfalfa y cuando te tenga del todo en sus manos te enseñará a balar. Pero recientemente ha surgido un nuevo Prometeo que ha vuelto a robar el fuego del Olimpo. El héroe mitológico se ha encarnado en Julian Assange, el creador de Wikileaks, al que han encadenado para dejarlo a merced de las alimañas. Ha sido el primero, pero pronto tendrá una legión de seguidores dispuestos a apropiarse de la alta tecnología informática, como del fuego sagrado, y entonces serán los corderos los que desafíen y suplanten a los dioses.

Manuel Vicent