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domingo, 30 de octubre de 2011

La Teresita



La Teresita


En días así recuerdo mi niñez y casi me estremezco recordando aquel palito terminado en una bolita de algodón con el que mi madre cuando estaba resfriado me pintaba en el pecho y la espalda cuadritos con yodo, después me cubría con algodón el pecho y la espada después de haberlo calentado con la plancha. Cuando se marchaba después de ofrecerme cualquier capricho la llamaba de nuevo y le pedía un tebeo del Capitán Trueno, deliraba de placer mas que de la propia fiebre de la gripe.

Hoy recuerdo aquella sensación de la torunda de algodón empapada en yodo recorriendo mi pecho y mis costados y me recreo en las cosquillas que me hacia. La añoro .

Recordé los prados, los caballos, el pequeño río que los atravesaba donde tantas aventuras imaginé de niño, mis lanzas mis espadas de caballero andante, mis dos enormes perros mastines Sol y Luna a veces perros otras casi caballos y siempre compañeros de aventuras.

Recordé a Teresita aquella niña que conocí cuando aun no se habían inventado los besos y de la boca solo salían palabras, la lengua estaba aun dormida en un baño tibio de saliva y cuando salía fuera era solo para desafiar haciendo burla.

Las manos que ahora veo surcadas por los años no habían aun aprendido a acariciar
Y el cuerpecito de aquella niña era como una escultura de mármol blanco de Clara.
Teresita mi amor infantil era así tersa blanca tenía olor a manzanas y pajar, fuerte fibrada morena, muy bella saltaba como un saltamontes y reía como los pájaros al ocaso entre las ramas al terminar el día.

Si se hubieran inventado los besos seguro que nos los hubiéramos regalado
Si mis manos hubieran sabido acariciar lo recordaría pero aun el mundo no había inventado besos y caricias y Teresita era de mármol blanquísimo como las esculturas de Clará.

Caen las hojas dejando en la rama una promesa de primavera el tiempo pasa la tos no cesa y la fiebre trae recuerdos.

Sant Pol de Mar

Esteban Mediterraneo.

Amanecer de casi invierno.