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miércoles, 5 de octubre de 2011



Hacia muchos días que no iba a ver amanecer en los acantilados miraba amanecer desde la colina del amanecer desde allí veía salir el sol seducido por el aroma de los jazmines que llegan desde la casa de un vecino. Cuando iba amanecer el cielo se volvía de color rosado y entre los pinos se asomaba majestuosamente, mientras Drago mi querido amigo que practica el oficio de perro me trae una piña para jugar dejándola a cada paso para que se la envíe a luna, Tina mi perra nueva inquieta registra bajo los pinos las jaras sigue rastros que ha dejado la noche sin cesar en su empeño de traerme cualquier bicho que vuele corra o salte.

Pero hoy fui con Drago a ver amanecer como en otros tiempos abrí la portezuela de mi coche y me di cuenta de que el tiempo había pasado, antes daba un salto y se metía en el maletero hoy lo intento pero tuve que arrimarle el hombro para ayudarlo a subir, pobre amigo mío… Cuando llegamos a la playa aun era de noche no se aparto de mi lado y al llegar al fondo del acantilado de nuevo lo vi jugar con la arena y una piedra.

Era algo muy bonito verlo jugar como si fuera un niño con una piedra que enterraba y desenterraba hasta llevarla al agua, como es natural hizo lo que hacen los niños jugar y mojarse, pero ver su perfil en el rielar del sol mientras amanecía era un verdadero placer y lo disfruté no solo con los ojos también con el corazón.

Al regresar abrí el maletero el puso sus patas mojadas y me miro con sus ojos uno de cada color, mira que es feo este precioso compañero que trabaja de perro, le meti el brazo por debajo y lo subí al coche, que olor a perro mojado me dejó, valió la pena .

Un día yo no podré bajar a la calita de las rosas y alguien me llevará allí y si no lo soñaré.