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jueves, 21 de octubre de 2010

Mis rosas



Aunque me gustan todas las flores, la rosa es mi flor porque me trasmite sensaciones que ninguna otra hace llegar, no porque no sean menos bellas ni menos fragantes el perfume de la dama de noche me traspasa literalmente hablando, la flor de jazmín me traslada a un amanecer y a muchas tardes de verano, las violetas las lilas, la flor del níspero tan elegantemente fresca, las magnolias y todas las demás flores que me perdonen.

Pero la rosa es como la piel, suave y se encarna las rosas en los labios cuando los acercas a sus sutiles pétalos, las rosas se trasforman en caricia, en los ojos ya sea abriéndolos o cerrándolos ensueñas y recuerdas que un día que bebíste de ella tras la lluvia .

También otras veces en las que las dejé en la arena de la playa a merced de las olas para que las trasportara en el vaivén de las olas regándolas de sin aroma también son mis rosas queridas.

Las rosas que ofrecí a la luna y todas las rosas que sembré o cuidé incluso hasta la que hirió con sus espinas mi mano de jardinero despistado, otras rosas que sin saber que morirían deje en las aceras junto al asfalto cuando la luna llena me miraba asombrada por mi desatino.

Rosas en ramos, rosas robadas a los vecinos robadas en los parques o esas rosas que alguien te acerca a la mesa del restaurante y no puedes negarte a ella para regalarla a una dama, las rosas que fotografié tantas y tantas veces con la luna llena, las rosas que regale siéndome luego devueltas por no haberse extraviado su destinatario. Rosas envueltas en poemas ofrecidas al mar o una meiga, o aquellas que dejé en las sabanas para que estamparan siluetas abrazadas.

Rosas que esparcí en el bosque como si fueran una ofrenda bajo una vieja encina de 7 brazos o las que deshojé en el musgo blanco esparcidos sus pétalos de colores entre jaras y romeros formando un tapiz que para si quisieran las viejas betas para sus alfombras de Corpus Cristi.

Pero entre todas las rosas, la primera es mi preferida ahora al cabo de muchos años, esa y muchas otras que hoy aun le regalo a mi esposa cuando es mi novia mi amante o mi amiga, también hay algunas rosas que me pesan, son muchas las que debiera haberle regalado a mi madre cuando seguramente les esperaba de mi.

Creo que no hace queda claro que a un servidor le gustan las rosas, pero si aun puedes tener alguna duda acaricia con el roedor la primera de las imágenes y vendrá a ti el aroma de las noches cuando las retraté o el olor confundido en la espuma del mar y tantas y tantas cosas, Estarás de acuerdo en que las rosas son como de carne como la piel suaves.

Sant Pol de Mar, 21 de octubre de 2010
Esteban Mediterráne