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martes, 8 de diciembre de 2009

Las Naranjas mandarinas de la casa abandonada

Naranjas mandarinas entre las zarzas
Masia de Can Carreras hoy abandonada.

Cerca de donde vivo, atravesando el bosque bajando después por un empinado camino hasta un claro donde se abren unos campos en barbecho se encuentra una vieja casa abandonada, “ Can Carreras “ la casa esta situada al extremo de una zona plana una huerta que llega a la orilla de un río que ahora solo conoce el agua con las tormentas, es un paisaje extraño casi mágico, el cañaveral el llano junto a la casa abandonada que termina en unas moreras de hoja ancha junto al patio de la vieja casa que sobrevive como puede al abandono, ocupada algunas veces por muchachos que hacen de ella su hogar y otras asilando a gentes muy extrañas.

Nadie `podría decirme porque la casa esta tan mal situada, justo pegada espalda contra espalda de la montaña un desnivel casi perpendicular, una barrancada que la deja siempre en sombra, junto a la casa un pozo, un lavadero, y unas cuadras hechas en ladrillos rijos mas bonitas aun que la propia casa, detrás la montaña que no la deja ver el sol desde media día.

Toda la casa esta rodeada de árboles frutales hoy abandonados, he conocido aquí las mejores ciruelas, hay también naranjas mandarinas, son chiquitas llenas de pipas, pero extremadamente perfumadas y sabrosas, si las acercas a tu nariz confundes las cosas y no sabes si morderlas o consérvalas junto a tu boca, tomando su aroma, los naranjos mandarinos son viejos, muy viejos, sus trocos alternan leña seca de sus ramas viejas, pero parte del árbol aun vive y de el estos días cuelgan entre las zarzas y la maleza esas frutas redondas y frescas cuyo aroma yo nunca seniti antes el acido con el dulce y el picante.

Cerca de las naranjas mandarinas hay un viejo peral, le sucede lo mismo es viejo, alterna sus ramas secas con otras que aun tienen vida, solo una vez probé sus peras que rozaban mi boca cuando estaba cerca, ahora en invierno no puedo recordar su sabor intenso, pero me detengo mirando sus ramas antiguas, con los pies casi mojados del pasto que crece silvestre junto a el, y detrás están los laureles que han nacido silvestres, son aromáticos, de hojas anchas y semillas negras, como en todas partes las zarzas se abrazan y forman una barrera casi infranqueable hasta los árboles. Justo entre las zarzas y los laureles hay un árbol que casi ha perdido las hojas ahora y cuyos frutos contrastan con el azul de cielo, haciéndolos mas deseables, es un palo santo y ahora están los frutos en su punto.

Si mueves ramas se caen sobre ti, si taras con un palo se caen sobre ti, y si intentas cojerlos con la mano, en ese instante caen también sobre tu nariz, siempre es peligroso tomar el fruto de este árbol que parece del paraíso terrenal este árbol es mitad deseo mitad castigo, esta maldito y hechizado pero siempre le robo algunos frutos como lo hice.

Después me recreo en la construcción de la propia casa, su fachada mirando las huertas y la riera, es una fachada sin valor arquitectónico, porque la gente del campo antes solo tenia la casa para dormir, por eso la hicieron en ese lugar el peor de todos, por eso fue abandonada porque con la humedad no se puede convivir, solo las primaveras y los veranos, cuando lo que hay es un bosque eran viñas de vino dulce de garnacha, de las que alguna hay aun silvestre junto a mi casa. Dan unos racimos compactos de uva negra muy perfumada, algunas veces los he probado, algunas veces los mordí notando el chasquido que inundaba y se desbordaba por las comisuras de los labios dulces con un fondo áspero.

Yo he soñado alguna vez, como era este paisaje hace tres mil años, lo vi. en sueño, no es broma, me vi bajando por el camino del bosque y al llegar a la casa pegada a la montaña que entonces no existía se abría una ensenada, toda la huerta era mar, al llegar al lugar que ahora esta la masia de “ Can Carreras “ me sentaba y me ponía a pescar, al otro lado de la ensenada hay unos pantalanes, unas naves estibaban en las bodegas ánforas de vino de uva garnacha, del rió aun bajaba agua, y en la otra orilla jugaban los niños.

Pero de estas cosas habaré otro día, de cómo era este paisaje miles de años antes, cuando toda la zona que ahora es tierra de aluvión era antes mar, un puerto natural del que hablan los portuarios desde la noche de los tiempos, si hoy donde crecen esos árboles se excavara se encuentran caracolas y moluscos, trozos de ánforas como los que encuentro alguna vez paseando por el bosque o se ven incrustados en las paredes de las torres de vigía.

Con los sabores y los olores que esta mañana disfrute mientras paseaba entre las bucólicas ruinas de los establos y los patios hoy ya invadidas por las zarzas. os deseo un feliz día ya cercano a estas fiestas mitad fantasía y mitad estrés que se nos avecinan.

Esteban Mediterráneo
Sant Pol de Mar, 7 de diciembre de 2009