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lunes, 18 de enero de 2010





Todos estos días he seguido paseando por la orilla del mar sin atreverme a escribir nada, las noticias que iban llegando desde Haití sobrecogían y no fue hasta ayer cuando vi. a una jovencita con un niño en sus brazos sonreír agradecida por estar viva después de haber perdido a toda su familia que me ha hecho reaccionar, yo soy quien pasea junto al mar y comparte las imágenes y alguna vez habla de las olas, Si la vida continua yo tengo que seguir haciendo lo que hago.

Hoy ha amanecido un día gris llovía muy suavemente ese tipo de lluvia de las bruxas que parece que no ha de mojarte pero termina por calarte hasta los huesos, los paisajes sin sol tienes su luz y su color propio y no dependen de las sombras para contrastarlos, los colares habitan en estado puro en las formas ajenos a los brillos, es perfecto ver los colores mostrarse en si mismos. De todas las imágenes de hoy comparto con vosotros la de la acantilado sobre la “ Calita de las Rosas “ por su nitidez y su color que añaden aún mas belleza y ternura a ese lugar que la gente dice mágico.







De ayer que era un día también nublado destaco la imagen de mi amigo Sebastía paseando por la playa a caballo, bella imagen la de mi amigo en el día de Sant Antonio cuando fue a bendecir a su caballo, en la semana de los tres santos barbudos.



De antes de ayer, cuando paseaba entre las barcas de Calella cuando se abrió un rayo de sol y vi. a todas las barcas varadas en la arena brillar húmedas por la lluvia que había caído un poco antes, destaco la de un par de gatos tumbados sobre una barca, pero podría adjuntar cualquiera de las de las barcas, todas eran bellísimas.





Del día anterior comparto una ola llegando al malecón de la playa de Sant Pol, en el paraje llamado “ La punta “ es una de esas explosiones de energía que tanto me gustan y que extasían atrapándome interminablemente, comprendo a mi hijo esperando esa ola fantástica que lo llevará sobre la espuma surfeando a su padre le pasa lo mismo ama el mar.





Y todo ello viendo como la tierra palpita y la gente muere atrapada bajo las ruinas porque la vida es así y uno desde esta orilla del mar comprende que la vida es frágil y que la menor manera de respetarla es vivir apreciándola en esas pequeñas cosas que nacen y mueren cada día.

Desde Sant Pol de Mar.
Esteban Mediterráneo.