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jueves, 20 de septiembre de 2012

Imagenes del equinoceo, la pequeña nereida.





Apenas los rayos del sol declinan en el horizonte,  el paisaje de la playa cambia, del bosque de sombrillas multicolor que parece desde la lejanía un jardín, no queda rastro, en la arena no se dibujan las huellas de los pies descalzos de las imitadoras de sirena y tritones, si respiras profundamente notas el  aroma de las algas, donde antes llegaba a tu nariz un coctel de perfumes indeterminados.

 

El ultimo turista dominguero es introducido  al tren para fracturarlo a la gran ciudad de donde llego a principio del verano, las hojas doradas por los incendios de los rayos del sol al atardecer empiezan a volar aventadas por brisa. El mar y la playa vuelven a ser un lugar de meditación y descanso donde solo habitan criaturas mágicas junto a las olas que van y vienen.

 

Son ecos las risas de los niños, los susurros de los amantes, las voces de los hombres que anuncian helados, todo vuelve a su sitio.

 

Es entonces cuando regresan a la orilla de la playa las nereidas y juegan en la orilla del mar. Año tras año he visto crecer a esta pequeña nereida desde que era bebe, la vi dar sus primeros pasos siguiendo a su mama, apenas con dos años escalaba las rocas gateando para alcanzar a su mama que la dejaba valerse por sí misma, que cosa más bella ver esa escena que ha quedado para siempre en mis ojos que ver a la pequeña nereida alcanzar el seno de su madre para saciarse.

 

Cosas así vale la pena verlas y recordarlas mientras la veo jugar con el pulpo que he atrapado hace unos instantes para ella, una niña normal se asustaría pero para ella que es una pequeña nereida es como si fuera su mascota y juega con él con la promesa de devolverlo al mar.

 

Sant Pol de Mar, 20 de septiembre de 2012

 

Esteban Mediterraneo.